Martes, 31 de enero de 2006
Tradicionalmente, los libros se han impreso en máquinas ofset; la complejidad y el coste de producción de estas máquinas hace necesarias unas tiradas mínimas para que la impresión de los ejemplares sea económicamente viable. Ahora bien, en los últimos quince años se ha desarrollado la tecnología de impresión digital: máquinas que permiten imprimir pequeñas tiradas, rápidamente y con costes inferiores a los de la impresión ofset. Si bien es cierto que la calidad de impresión no es equiparable a la que se obtiene con el ofset, los avances en la producción digital son continuos (sólo la gente relacionada con el mundillo de la impresión es capaz de distinguir las diferencias en el resultado final). Esta nueva tecnología ha propiciado la aparición de un nuevo campo dentro de las artes gráficas: la impresión bajo demanda, es decir, la capacidad de imprimir el número exacto de ejemplares requeridos por el editor en un momento dado. Esto es de vital importancia para las editoriales por lo siguiente: si en una editorial recibe un pedido de 50 ejemplares de una obra agotada, hasta ahora tenía que decidir entre hacer una reimpresión tradicional (como mínimo de 400 o 500 ejemplares) o dar el título por descatalogado. Con la impresión digital bajo demanda, basta con haber guardado la maqueta y la cubierta en formato electrónico y encargar a un imprenta digital los 50 ejemplares solicitados (incluso ya hay empresas que pueden hacer una edición digital partiendo de un ejemplar en papel; ellos lo escanean y lo imprimen). Así, las editoriales ya no tienen que descatalogar sus títulos ni preocuparse por los problemas de almacenaje o rotura de stocks.
Pero la revolución a la que hacía mención en el anterior artículo va más allá. En su obra La industria del libro, Jason Epstein considera que la evolución de la impresión digital nos permitirá en un futuro no muy lejano (10, 20 años) ir a cualquier librería (u otro establecimiento) en el que tengan una máquina digital, insertar un código previamente suministrado por la editorial a través de Internet (tras haber pagado, evidentemente), y en diez minutos tendremos nuestro libro recién hecho. Adiós a los distribuidores, a las grandes imprentas, ¿a los libreros? A algunos les puede parecer una amenaza para la cultura, a otros un logro en favor del libro. O simplemente estemos ante un cambio que modifique los medios de acceso a la cultura pero que mantenga intacta su esencia misma. Si es que alguien sabe qué es eso.
Por: Braulio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
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