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Viernes, 27 de enero de 2006

El papel del corrector

Quizás debería haber titulado esta entrada «El drama del corrector», pues parafraseando por enésima vez lo que dijera en su tiempo ¿Unamuno o Machado? «Corregir en España es llorar». Como digna seguidora de los postulados macroeconómicos, la industria editorial cada vez da más beneficios mientras que sus empleados siguen estando igual de mal pagados que hace 20 años. Esta situación es especialmente cruel con los trabajadores externos, a los que cada vez se recurre con más frecuencia con tal de abaratar los costes (y aumentar los arriba mencionados beneficios).
Aquellos que nunca han trabajado en una editorial se echarían las manos a la cabeza si vieran en qué estado llegan bastantes originales. Da la sensación de que muchos autores o han olvidado sus primeros estudios o no se han molestado en revisar sus manuscritos o simplemente ni siquiera son los verdaderos creadores de dichos textos (que también pasa). Por otra parte, es demasiado habitual la falta de cohesión dentro de los textos: así, un personaje que en la página 10 se llama Orlando puede convertirse en la página 20 en Rolando; puede alternar su residencia de New York a Nueva York cada dos páginas; trabajar indistintamente para la Oficina Central de la NASA y para la Oficina central de la N.A.S.A., etcétera, etcétera, etcétera.
Y todo ello ha de ser arreglado por un corrector que por norma va a cobrar poco, tarde y mal. Un trabajador que además sabe que su trabajo solamente va a ser reconocido si se le pasa una errata. Un trabajador, en suma, que ni siquiera cuenta con un contrato laboral que le dé una mínima estabilidad laboral.
Da miedo, ¿verdad? Pues aún puede ser peor, pues hay editoriales que no recurren a los correctores, valiéndose únicamente de las correcciones hechas en las galeradas por los propios autores.
¿Sigo? Hay autores que no miran las pruebas; simplemente se limitan a ver que su nombre esté bien puesto tanto en la cubierta como en la portada.
¿Continúo?

Por: Braulio | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Vaya si te entiendo... yo también soy corrector, aunque no de textos literarios, pero viene a ser lo mismo en el fondo. Muchas veces me da vergüenza ajena contemplar los originales que me llegan, y me asombra la ausencia de decoro y de sentido del ridículo de los autores, que ni por casualidad se revisan al menos una vez sus textos.

Por cierto, excelente blog. He llegado aquí buscando información sobre Ella, drácula, y estoy absolutamente de acuerdo contigo. El vocabulario que emplea es de lo más cargante.

Buddy | 07-02-2006 20:52:39

En primer lugar, felicidades por el blog.

Yo también te entiendo, y eso que estoy dando mis primeros pasos en el mundo de la corrección, pero eso de que sólo se acuerdan del corrector cuando se le pasa una errata es bien cierto, parece que la gente sólo se fija en las faltas cuando ya ha pasado por las manos del corrector y encuentran una entre quinientas páginas...

Un saludito y ya me pasaré más a menudo por tu blog que es muy interesante.

María | 09-02-2006 20:30:54

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